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Aprender a decir NO

 
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Fecha de última actualización:12/12/2016
Aprender a decir NO
Si sos de las que no pueden negarse a ninguna propuesta o programa por miedo a que el otro se ofenda, de las que tienen una agenda repleta de “compromisos” que no pueden cancelar ni siquiera para descansar, de las que dejan de hacer cosas que le dan placer para atender a los deseos o pedidos del otro, esta nota es para vos.

Haciendo un esfuerzo extra para caer bien, resultar amigables, comprensivos, solidarios y nada egoístas, muchas veces dejamos el “no” de lado y decimos a todo que sí, porque creemos que diciendo que sí tenemos garantizado el cariño, el amor y la aprobación del otro.

El problema ante esta actitud no es buscar que el otro nos quiera, porque el ser humano, como ser social, vive formando lazos de cariño, amistad, amor y buscando en estos lazos que lo quieran, el problema es creer que diciendo que sí todo el tiempo, dejando los propios intereses, convicciones y deseos de lado vamos a garantizarnos el amor del otro.

 

¿A qué se debe esta incapacidad de decir “no”?


Que el otro nos quiera a toda costa, ser valoradas y tenidas en cuenta, mostrando que siempre estamos disponibles para todo tiene que ver con una fragilidad interna, una incapacidad de querernos como somos.

Esta fragilidad o baja autoestima termina haciéndonos dependientes, pero no solo de los demás, sino también de esa imagen que queremos dar pero que en realidad no somos y que nos impide manifestar nuestros verdaderos deseos. 

Llenar la agenda y llegar al fin de semana agotadas, relegando el descanso, el estudio u otras actividades y sintiendo que ver a una amiga es todo un compromiso cuando antes era puro disfrute porque no sabemos o no podemos decir que no, es un problema. Porque evidentemente lo que queremos es satisfacer el deseo del otro descuidando los propios.

Mientras no nos permitimos confiar en nosotras mismas, ser nosotras mismas, respetar nuestros deseos y ser firmes en nuestras convicciones, lo que logramos es contaminar relaciones que podrían ser saludables y enriquecedoras y de las que podríamos disfrutar. Porque el problema cuando no somos fieles a nuestras convicciones y priorizamos las de los demás es que no solo no nos garantizamos el amor del otro, sino que nos concentramos en ser de otra manera. Entonces, el otro en realidad no nos conoce del todo y tal vez nos quiere, o no, pero por algo que no somos, mientras nosotras nos vamos desgastando, agotando, estresando en un círculo vicioso del cual es muy difícil escapar.  

Al fin y al cabo, lo que estamos haciendo con esta metodología, a veces casi inconsciente, es generar una especie de olla a presión interna que puede estallar en cualquier momento, cuando ya no tengamos más fuerza, ni ganas, de decir que sí con tal de agradar.

 

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