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¿Por qué nos deprimimos los domingos?

 
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Fecha de última actualización:23/08/2016
¿Por qué nos deprimimos los domingos?
Llega el atardecer del domingo y trae consigo una mezcla de nostalgia, desgano y resignación ante el comienzo de una semana repleta de actividades que no tenemos ganas de enfrentar. ¿A qué se debe esta sensación?, ¿hay alguna manera de evitarla?

Esta sensación de angustia que se hace presente sobre todo los domingos, tiene que ver con un rasgo característico de lo femenino: la insatisfacción. Cuando termina el fin de semana uno, en lugar de pensar en todo lo que hizo, se queja por lo que no logró y se queda pensando en lo que deseaba hacer y no pudo.

Durante la semana existe una demanda permanente del otro, ya sea de parte de la familia como del trabajo y cuando llega el tan preciado fin de semana uno tiende a llenarse de actividades y expectativas para cubrir las demandas propias que nunca llegan a cumplirse plenamente.

Aquí es donde aparece la cuestión de qué hacer con el tiempo de ocio, cómo manejarlo. Visitar a un amigo, salir con la familia, hacer un picnic en la plaza, ir al cine, leer, quedarse en el sillón mirando televisión, limpiar a fondo la casa, ir a la peluquería, organizar una cena, un asado al mediodía, salir a tomar algo a la noche... ¡son tantas actividades y tan poco el tiempo!

Muchas veces también juega en contra la demanda del otro durante el fin de semana. Entonces llega el domingo a su final y uno se pregunta ¿qué hice para mí?

La clave está en adueñarse del propio tiempo y eso implica ser conciente de que éste pasa y de que no es inacabable. Aquellas personas que eligen llevar adelante algunas actividades o tareas, no todas,  teniendo en cuenta la cantidad de horas disponibles, terminan logrando lo que se propusieron y de esta manera se sienten satisfechas pudiendo hacer un balance positivo de su fin de semana.

Otra de las cuestiones que afecta a una persona llegado el momento de enfrentarse al comienzo de la semana, es la demanda cultural. Por ejemplo, una mujer que se dedica a su profesión y siente que muchas veces deja de lado a la familia, se encuentra con que el final del domingo la enfrenta de nuevo con esa demanda laboral y profesional y es ahí donde piensa que está presa de su trabajo, que estaría mejor si pudiera dedicarse a su familia, y la insatisfacción se apodera de ella.

Y esta insatisfacción es en realidad un truco para no angustiarse, porque por lo general, las personas prefieren quejarse a responsabilizarse de sus propios deseos. Ser conciente de la angustia que genera, por ejemplo, ir a trabajar y dedicarse a su profesión, implica actuar en consecuencia, comenzar a pensar qué es lo que en realidad le gustaría a uno hacer y no está haciendo.

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